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Señor Foodie, ¿dónde andabas?

¡Queridos lectores foodies! Si acaso se preguntaban -si no… pues supongo que ni notaron la ausencia, jojojo- dónde diablos me encontraba y por qué no he sacado ninguna reseña nueva desde hace muchos meses, estoy dispuesto a explicar y chismearles un poquito de lo que pasó.

Resulta que este comelón aventurero que les escribe, tiene una carrera que ni siquiera tiene que ver con algo gastronómico (aunque algunos de mis compañeros del gremio podrían decir que sí, porque siempre nos la pasamos comiendo, haha) y llegué a un punto de mi vida donde para seguir avanzando, me di cuenta de que tenía que tomar las riendas, perseguir mis sueños y ponerme a escribir mi documento para titularme. ¿Que cuál es la carrera real que tengo? Yo creo que ni se la imaginan, pero lo importante es que la amo tanto como amo la vida misma y la comida para enriquecerla.

Es curiosa la manera en la que empezó este blog, ya que se juntaron las ganas de compartir lugares y platillos que conozco y amo, con la esperanza de que al escribir aquí pudiera soltar la pluma -o mejor dicho, las manos en el teclado- y mejorar la relación de mi tren de pensamiento con el lenguaje, para así hacer un tipo de preparación para redactar la sistematización para mi titulación. Me encontré con que escribir sobre comida me emocionó desde el momento en que escogía un lugar, preparaba mi libretita para echarle notas (porque llevo una muy bonita, hecha a mano y dedicada para yours truly) y llegaba con la mentalidad de percibir con todos mis sentidos la experiencia que me esperaba;  incluso me bajó la velocidad frenética con la que solía consumir mis alimentos y ahora me detenía a paladearlos mejor, a apreciar las texturas, temperaturas y sabores que uno sin darse cuenta, ya da por sentado. 

Por supuesto que también noté que cada vez me costaba menos trabajo ponerme en contacto con ésta relación de la que les hablaba, donde lo que quería decir se conjugaba más fácilmente con las palabras que necesitaba para expresarlo, y tengo el gusto de compartirles que esto funcionó para el motivo de mi ausencia, logrando escribir el cuerpo del documento en mes y medio. 

En fin, pues ésta es la razón por la cual estuve ausente de sus monitores, pero nunca me fui y claro, nunca dejé de comer, de sondear restaurantes y de pensar “¡creo que este lugar quedaría muy bien para la próxima reseña!”, de tal manera que pueden esperar una reseña nueva muy pronto. 

Les deseo que disfruten sus alimentos y si quieren, ¡atásquense!

-Señor Foodie

9. “De la Calle Real”

¡Bienvenidos de vuelta, lectores foodies! Creo que existen ciertos lugares que tienen un aura singular, donde el tiempo se siente diferente y donde nuestras acciones pareciera que toman una relevancia peculiar. Donde una alegría y tranquilidad nos invaden con la ayuda de ciertos elixires, que convierten la velada en todo un acontecimiento. Es uno de mis mayores placeres el comer chocolate, y cuando es de tal calidad, hecho con esmero, tradición y precisamente en un lugar que cumple con estas características como en De la Calle Real, se convierte casi en un ritual. Teniendo una gran tradición dulcera en Morelia que data desde 1840, preservando recetas tradicionales de esa época y recibiendo influencias de la repostería francesa, desde el año 2000 la empresa cambió su imagen, haciéndola más atractiva al consumidor cosmopolita pero sin perder su esencia clásica, eminentemente de la época Porfiriana.

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8. “Las Medievales”

¡Hola, lectores foodies! Por fin estoy de vuelta y con hambre para continuar con las reseñas de los lugares para comer que me parecen más interesantes en Morelia, que por cierto también cada vez se va haciendo más interesante con un montón de actividades que han estado sucediendo en las últimas semanas. Una de ellas, es el festival internacional de cine, que como muchos hemos notado ha traído a turistas de looks simpáticos (algunos dirán “hipsters” haha) que deambulan por las calles y eventos gratuitos que se hacen en las mismas. Uno de estos eventos fue al que asistí la noche en la que cené para esta reseña, un concierto de la banda mexicana de rock instrumental Austin TV -que me enorgullece decirlo, es mi banda mexicana favorita- en la plaza San Francisco. Mi noche ya pintaba muy bien desde que empezó el concierto y me la pasé excelente, rockeando muchísimo (amanecí con el cuello adolorido del head banging) y ya se vaticinaba un fantástico cierre del día. Pero todavía faltaba la cereza del pastel, o mejor dicho, el pepinillo de la hamburguesa, porque después de la velada musical me dio mucha hambre y ya sabía con qué lugar quería cerrar esta extraordinaria noche: Una hermosa y deliciosa hamburguesa de Las Medievales.

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Y de vuelta con ustedes…

¡Hola! Antes que nada quiero disculparme si alguien se preguntó “¿bueno, dónde diablos está el Señor Foodie y por qué no ha escrito otra reseña desde hace tanto?”. Después de la última reseña me vi envuelto en muchos cambios que tenía que resolver y me disculpo por haberlos dejado por un tiempo. Pero también quería comunicarles que hoy mismo voy a salir a comer a un lugar en la noche, del cual haré reseña, así que muy pronto tendrán otra recomendación más para ir a degustar algo delicioso en esta ciudad (ya se me está haciendo agua a la boca, pensando en lo que voy a pedir, hahaha).

De igual manera quiero recordarles que estoy abierto a su sugerencias, así que si conocen un lugar interesante para ir a comer y/o que tenga un platillo que creen merezca una reseña, échenme un mensajito, por favor. ¡Saludos y nos leemos pronto! 

-Señor Foodie

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